Es indudable que la firma tiene dentro de la escritura un estatus completamente especial desde el punto de vista del estudio psicológico de la escritura. Cuando escribimos se activa el hemisferio izquierdo, cuando firmamos, sin embargo, al igual que cuando dibujamos, se activa el hemisferio derecho, que es el hemisferio de la creatividad. La firma es por ello especialmente creativa, la creamos y la hacemos como queremos, es más, la podemos modificar cuando queramos y no pasaría nada.

La Ley 37 de la Psicología de la Escritura nos dice:

La firma es la imagen social del YO, tiene un valor de representatividad e indica aquello que la persona quiere aparentar, debe ser valorada en unión del texto y no de forma aislada”.

VALORACIÓN GENERAL DE LA RÚBRICA

La rúbrica es una suerte de reminiscencia cultural, que muchas personas hacen en vez de ejecutar una firma, (escribir su nombre y/o apellidos) plasmando únicamente un dibujo rubrica  sin texto, o lo más habitual, firman con texto y también rubrican.

No existe norma alguna para hacer el garabato de la rúbrica, se comienza buscando una firma-rúbrica parecida a la de alguno de nuestros progenitores y con el tiempo vamos dándole poco a poco expresiones grafomotoras más nuestras, es decir, dejando que el inconsciente se apodere de nuestra expresión.

 

La rúbrica es el gesto gráfico menos pensado de todos los que realizamos cuando tomamos un útil escritural. Por ello, es el trazo menos consciente y más ágil de nuestra escritura, salvo que alguien lo haga con plena voluntad como demostración de una peculiaridad de su profesión (caso frecuente en los artistas).